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Democracia política y autonomía ciudadana

2 de abril de 20220

Desde que se inventó la democracia y la política, la población mundial depende directamente de las directrices y orientación de quienes ejercen la autoridad. Voluntariamente se someten a la voluntad de otros, a la ley y el orden que inventan y gestionan los que mandan. Pero aquellos ciudadanos elegidos, por los ciudadanos que descartan la responsabilidad de su propia existencia humana, a su vez, depositan la joya en manos de los ladrones. ¡Acatan las ordenes de otros que están fuera del organigrama!

Existe un “tipo de libertad” o mejor dicho, la impunidad por parte del 1% de la población del planeta, para perjudicar y dañar a las personas que representan la mayoría de habitantes. Si es falso que las leyes garantizan el orden y la seguridad ciudadana, entonces, únicamente el libre albedrío resuelve la paz en la Tierra.

Nunca olvidemos que la Jefatura Negativa se declaró en guerra contra los ciudadanos, con una violencia injusta, pero legalizada a través de las Instituciones. Han atacado y herido, asesinando de manera indiscriminada, derramando sangre y quebrantando voluntades, distorsionando la vibración humana. Pero algunos de estos hombres y mujeres están corrigiendo su proceder. Se arrepienten de los actos pasados. Rectifican su talante. Reparan sus modos. La mutación que logran, se eleva majestuosamente por encima de las estructuras del Sistema que causa la torpeza de amor, eso es: la negatividad.

Existe un pacto entre ambas partes enamoradas. El afecto y el respeto y el compromiso de una convivencia agradable, surge de manera espontánea. ¿Por qué el Sistema complica la relación voluntaria entre adultos con trámites burocráticos? La Naturaleza no funciona así. Nuestra civilización, ¿ha progresado con la aparición de las instituciones que regulan, por encima del sentir de las personas? ¿Por qué en un país, sí se pueden casar dos personas del mismo sexo y, en otro país, no? ¿Por qué en el país, que sí, hubo un tiempo en que no se podía? ¿Qué varía, si el amor nunca puede reprimirse en un calendario o espacio físico?

Entre el empresario y el empleado, son más necesarios los contratos y acuerdos por escrito. Así se establece la actividad y concretan los objetivos y los resultados que se requieren, como base para la contratación. Pero además, hay un pacto tácito en el que el empresario se convierte en amo, y el empleado en siervo, a cambio de un salario mensual. ¿Debe obedecer ciegamente el empleado, a cambio del dinero, todo cuanto la empresa le obliga a realizar? Qué pasa con la consciencia del empleado, ¿está obligado a silenciarla y mirar hacia otro lado, cada vez que los jefes le obligan a llevar a cabo acciones que dañan o perjudican a otras personas? El haber firmado un contrato de trabajo o contrato de confidencialidad, ¿es fuerza suficiente para traicionar el propio sentir de las personas? ¿Existen contratos que puedan estar por encima de los Principios Humanistas… hasta el punto de anularlos? ¿Es legal? ¿Moral? ¿Ético? ¿Saludable para el funcionamiento de la sociedad?… Llegado este punto, estas son la clase de preguntas que hay que formularse ante la invitación que realizamos.

Si las sociedades se crean a partir del libre pacto por acuerdo, resulta que los ciudadanos del mundo, que son esclavos, al quedar excluidos del pacto, no forman parte de la sociedad. Ésta es la paradoja, pues… es justamente la reunión de personas la que origina la sociedad. El grosor de la sociedad civil, es prisionera de la sociedad económica y la sociedad política y la sociedad religiosa, capas de sociedad que se sitúan por encima de las personas que conforman la sociedad civil (ciudadanos). Este grupo reducido, la élite que se reúne, sí dispone de la opción del diálogo. Debaten y negocian, según sus intereses, para lograr pactos, que aseguran sus ventajas y protegen sus beneficios. Todos los grupos están a un nivel superior a la sociedad civil, a la que explotan. Los ciudadanos excluidos de la vida digna y plena, prisioneros de las instituciones que regentan estos grupos, únicamente sirven para perpetuar la autoridad que engorda y se fortifica.

Si la sociedad civil no forma parte de la sociedad, es decir, del Sistema que rige el mundo, más que para abastecerlo y sustentarlo con su trabajo de sirvo y vasallo, ¿para qué sirven los derechos civiles?

La estrategia de la Jefatura Negativa es fingir que existen los Derechos Civiles. La Organización de NACIONES UNIDAS y su farsa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es suficientemente tangible, para demostrarlo.

Los derechos civiles y los derechos humanos, sirven para que se pueda regular la vida del conjunto de la población mundial que es la sociedad civil. Pero esta condición de «presa del Sistema» puede evitarse.

El Sistema ha moldeado al pequeño ciudadano desde la infancia, pero el adulto de 2022, puede renunciar a su condición de autómata. Las personas que así lo decidan, dejan de ser prisioneras de El Sistema. También disponen de esta alternativa los secuaces arrepentidos. Ellos y ellas, tienen la capacidad para sobrevolar por encima de las estructuras que aniquilan al ser humano.

Mientras el sistema domina a los ciudadanos, el acimut comunal los eleva por encima del laberinto de la ignorancia para que se gobiernen a sí mismos, aceptando el compromiso de la vida plena y la responsabilidad de sus actos. Así alcanza el ser humano la Totalidad, que no precisa aval institucional.

El compromiso con esta opción es lo que garantiza un giro de ciento ochenta grados para el devenir de nuestra civilización. La ciudadanía planetaria es un gigante dormido que cuando despierte y se levante y, coopere abiertamente con sus vecinos y amigos, descartando la presión mediática y la influencia negativa de El Sistema, logrará sobrevolar por encima del laberinto de la ignorancia, desplegando sus dones y talentos en sociedad. El acimut comunal es el vehículo perfecto para canalizar lo mejor de las personas. La autonomía e independencia de los hombres y las mujeres del mundo, tiene que ver con cada comunidad naranja.

Aquello de “Un gobierno del pueblo, por y para el pueblo” no tiene sentido si al final, son las instituciones financieras y los organismos internacionales quienes deciden por encima de los gobiernos elegidos por el pueblo. La única solución es un sentir íntimo que se proyecta desde la soberanía individual que palpita en la comunidad. ACIMUT existe al margen del mecanismo económico tradicional, porque son las personas quienes le dan valor y lo respaldan con su propia actividad. El fraude institucionalizado de parte de todos los países, y la Naciones Unidas, continuará. Sólo que continuará a una escala menor que se irá reduciendo en función de la cooperación entre la población mundial. Uno a uno, los ciudadanos, unidos.

Descartamos la autoridad central que consideramos ilegítima, si no cuenta con el beneplácito y la aceptación de la población. Descartamos la autoridad tradicional de las fuerzas políticas que han representado los grandes partidos organizados piramidalmente, sin debate interno, y con la obligada disciplina de voto de sus cargos electos. Descartamos la autoridad racional-legal-carismática, que obteniendo el apoyo popular, sin embargo, traiciona a sus partidarios con los acuerdos superiores suscritos con las cúpulas situadas fuera de los organigramas.

Lo que es vital y necesario, lo sabe el pueblo, lo saben los ciudadanos, cada ser humano. Pero lo que se prioriza desde hace décadas, no es lo necesario. Le urge a la autoridad, únicamente aquellas acciones y medidas que hacen posible la obediencia de la población. Acciones y medidas acorde a los planes ocultos y secretos de quienes están situados entre las sombras, más allá de los organigramas conocidos por la ciudadanía.

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by Aldo

Fundador del acimut comunal. Coordinador de la agenda ciudadana municipal transformadora. Interlocutor para la divulgación de los principios humanistas y la ley natural. Armonía con la innovación social que garantiza la dignidad y libertad de los ciudadanos, así como la ética y la virtud suscrita en la gestión pública desde la administración local del territorio.

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