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La igualdad de oportunidades no encaja en el sistema

2 de abril de 20220

Hace mucho tiempo, en la antigüedad de los tiempos, los seres humanos habitaban un Estado Natural. Un lugar en el cual mantenían la sincronía y la simbiosis. Existía una relación de afecto y respeto con el territorio, y los demás seres vivos que lo habitaban. Eran espacios de libertad y armonía, de igualdad y compañerismo, de intercambios y cooperación en favor del grupo-tribu-comunidad. Clanes en donde la sinergia prevalecía por encima de todo, pues no había ninguna estructura por encima. Todavía no habían nacido los prejuicios y las etiquetas y los procedimientos propios del sistema.

La negatividad de las instituciones es perversa. Existe porque la población admite y consiente el atropello en nombre de la ley y el orden, por el culto inconsciente al estado de derecho o autoridad arbitraria. Es la sumisión a lo “divino”. En definitiva, poder absoluto, ejercido contra la naturaleza humana de los ciudadanos. Ya sea en nombre de la lealtad a la monarquía o al Papa del Vaticano. A la lealtad al Estado donde se nace por casualidad, o a la Religión que se procesa en el hogar donde se aterriza. Leyes y dogmas son armas usadas para intimidar y extorsionar a los ciudadanos del planeta.

Pocas personas escuchan lo que su corazón grita con cada latido. El alma es la voz del Espíritu Universal (mucho más que Dios), independientemente de lo que diga el Papa del Vaticano u cualquier otra Religión. El alma es la vibración de la Consciencia Suprema, independientemente de las Leyes de los Gobiernos y las sentencias de los Tribunales. La Energía hecho Vocablo, es la idea que se traslada al mundo físico y se manifiesta dando origen a la realidad. Está en la mano de cada ciudadano contribuir a la sociedad mejorada. Desde la percepción y la concepción se genera la creación que deriva en acción y acontecimiento. Los acuerdos y las transacciones realizan el viaje existencial de nuestra especie.

El poder civil está apunto de aparecer en escena. La sociedad civil, es el conjunto de ciudadanos reunidos en el planeta. Pero esta sociedad inocua que el Sistema se encarga de envenenar, es el conjunto de los ciudadanos que suman aproximadamente el 89% de la población global. Apenas el 11% corresponde a los otros poderes de la sociedad política y financiera, monarquía, ejército y secuaces del Sistema, escondidos en las cúpulas de los organigramas.

La convivencia civil, tampoco puede venir determinada por la monarquía, que antes se hacían llamar descendientes de Dios. Los reyes no tienen sangre azul, aunque diversas teorías apuntan a que todos provienen de unos linajes ancestrales que están enlazados a quienes todavía hoy dominan la Tierra desde planos dimensionales distintos a los conocidos.

La justicia y la educación, la salud y la democracia, el mecanismo económico tradicional y la monarquía, son mentiras que crean esclavitud. Las instituciones que gestionan lo público, desde el ámbito internacional, sirven para situarse por encima del poder político que teóricamente es el resultado de la voluntad del pueblo. ¿Funcionan para garantizar y defenderse los derechos del pueblo o lo hacen con las dinámicas y estrategias de represalia?

Los principios definen la verdad que se aplica para que fluya La Verdad libremente en sociedad. Ayudan a recuperar la autonomía e independencia que el Sistema arrebata al pequeño ciudadano en su etapa más temprana, cuando es débil y frágil, y vulnerable. Le corresponde a cada persona reconocer los principios humanistas. Podemos mencionar algunos evidentes, como son la honestidad y el coraje, la empatía y la solidaridad, la consciencia de unidad y la fraternidad, y la sinergia gestionada para el bienestar general.

No basta con saber de la existencia de los PRINCIPIOS. De la actitud que transforma la visión del mundo. Hay que pasar a la conducta que mejora la sociedad. Mutar. Participar de la evolución altruista: una rebelión silenciosa.

Cada cosa verdadera que se aprende, es un principio que se asienta en la consciencia que nos conecta con el resto de la especie humana. Cada movimiento que fluye de la paz interior, es una melodía armónica que vibra en la comunidad. Sin embargo, las leyes son ideas artificiales cuya funcionalidad social es falsa. Son fraudes maquillados para que la maquinaria del Sistema funcione. Restringen la capacidad de sentir del ciudadano que se convierte en una pieza moldeada para encajar a la perfección, traicionando su innata intimidad, convertido en robot.

La autenticidad es espontánea, nunca puede ser mecánica. Los dogmas religiosos raptan la consciencia que encierran en los sótanos, para restringir la voluntad y la alegría, reprimiendo las alianzas constructivas con otras personas. También el deporte existe para separar y crear conflictos, igual que los diferentes colores políticos. ¡Competición y enfrentamiento! División, en vez de unidad.

Los hombres y las mujeres del mundo están capacitados para ser y estar sin necesidad de instituciones. Papá Estado o mamá Religión, nunca fueron imprescindibles. Los gobiernos o la monarquía o los dictadores militares o Dios, jamás garantizan «la seguridad». La seguridad no existe. La seguridad es una ilusión del Sistema, igual que lo es la Felicidad. Todo está en permanente cambio. La vida es movimiento y transición, por lo que es imposible mantenerse estable e inmóvil (seguro). La vida es aventura constante, una montaña rusa que sube y baja. Interminables espacios de un espectacular frenesí o de una agotadora calma. Cada persona elige estar alegre o triste. No hay objeto o posesión o persona que pueda darle a un ser humano, la felicidad o la seguridad.

La finalidad del Estado es proteger a la élite, ya sea monarquía o aristocracia, oligarquía o poder político y financiero, incluso a los grupos de narcotráfico o terroristas, mientas son útiles para ilustrar los escenarios mediáticos. Ellos y ellas redactan leyes que deben cumplirse por la fuerza, de lo contrario existe el castigo económico o físico, multas o cárcel, escarnio público o lista negra, marginación social o negación de oportunidades, en definitiva: exclusión social. Pero la sociedad, no viene determinada por el Estado, ni por la Religión. Tampoco por el Mercado o la Mafia. Estos elementos conforman El Sistema. La Sociedad, es la reunión de ciudadanos que se relacionan entre sí.

Para proteger a los ciudadanos, basta con reducir la doctrina y permitir que los dones naturales y los talentos particulares de las personas se manifiesten en libertad. Así «los individuos» (personas) obtienen sensación de utilidad, y una grata complacencia «felicidad» (alegría). Es justamente gracias a la oportunidad del «esfuerzo privado»(empoderamiento del alma) que los ciudadanos del mundo alcanzarán su Totalidad mediante la participación en el acimut comunal.

Toda comunidad naranja existe para cooperar profundamente en el ámbito de la economía, contribuyendo al enriquecimiento del territorio para que de una manera significativa, la vida de los habitantes y sus convivencia mantenga la premisa de la igualdad de oportunidades para todos.

by Aldo

Fundador del acimut comunal. Coordinador de la agenda ciudadana municipal transformadora. Interlocutor para la divulgación de los principios humanistas y la ley natural. Armonía con la innovación social que garantiza la dignidad y libertad de los ciudadanos, así como la ética y la virtud suscrita en la gestión pública desde la administración local del territorio.

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